Dado que por definición las zonas erógenas son todas aquellas partes del cuerpo que al ser acariciadas despiertan sensaciones placenteras y excitan sexualmente, se hace imposible decir a ciencia cierta cuáles son esas zonas específicas en todos los seres humanos. Cada persona es diferente a la otra y es precisamente eso lo que la pareja debe intentar descubrir, compartir y disfrutar. Para ello, se hace necesario estar atento/ a a sus reacciones: escuchar que su respiración sea relajada y tranquila, acelerándose a medida que aumente la excitación. Observar los gestos de su cara que indiquen satisfacción. Estar atento/a a sus manos: si guian sus movimientos o le acarician. Observar si el cuerpo se mantiene relajado y en pleno disfrute de las caricias. Finalmente, tras finalizar el coito, conversar acerca de la experiencia compartida, de lo que les ha gustado y lo que no, o de lo que quisiesen repetir.