A los cinco años, siempre que no exista otra manifestación que haga sospechar algún tipo de trastorno afectivo o deficiencia psicomotriz, el hecho de chuparse el dedo no tiene ningún significado especial. En cierto sentido es un acto de rebeldía hacia los adultos: "Me chupo el dedo porque quiero, cuanto más me lo digan, más lo haré". |
La mejor forma de poner remedio a esta situación, es restarle importancia, no agobiar a la niña con sermones ni regaños o castigos. Con el tiempo, la niña abandonará el hábito. Si a los ocho años, por ejemplo, todavía continúa chupándose el dedo, lo que por otro lado, es muy poco frecuente, sí que sería prudente y recomendable acudir al especialista, quien podría diseñar un plan de reforzamiento conductual en el cual la niña tendría una participación activa. |
|
|