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Factores, psicológicos, neurológicos,
hormonales, arteriales, venosos y musculares están presentes
en mayor o menor grado en los casos de impotencia. Sin
embargo, es necesario resaltar que a diferencia de lo
que durante años se creyó, sólo el 30% de las disfunciones
eréctiles obedecen a causas psicológicas propiamente
dichas: problemas de ansiedad, miedo, traumas sexuales,
experiencias insatisfactorias o recuerdos de la infancia,
interfieren a la hora de establecer una relación sexual
normal. El resto es principalmente por causas orgánicas,
siendo las más frecuentes las alteraciones vasculares,
derivadas de enfermedades crónicas como la diabetes
y la arterioesclerosis; también por la acción de algunos
medicamentos como lo es el caso de los hipotensores
y los tranquilizantes. Existe además un 5% de casos
en los cuales el fallo es hormonal: los testículos no
producen suficiente cantidad de testosterona, que aunque
indirectamente, esta hormona desempeña un papel importante
en la erección: aumentando la líbido, las secreciones
seminales y el tamaño de los testículos.
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Está claro que es un tema difícil de
manejar para algunos hombres, sin embargo, es una oportunidad
para compartir sentimientos y dejarle saber a la pareja
el interés por hacer las cosas mejor, no sólo por sí
mismo, sino por los dos. Por su parte, la pareja deberá
mostrarse abierta y colaboradora, animándole a ir al
médico, incluso es aconsejable que le acompañe a la
consulta. De ésta forma ambos estarán contribuyendo
no sólo a superar el problema de los dos, sino
también a fortalecer la relación.
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