| EL NACIONAL - MIÉRCOLES 26 DE SEPTIEMBRE DE 2001 |
VAnessa Davies
México
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Irritable. Molesta. Acongojada. Vacía. “Así me sentía”, reconoce Magnolia. Y no precisamente por el atentado terrorista del 11 de septiembre y la previsible respuesta de Estados Unidos (lo suyo es de antes, así que no puede ingresar al tema de moda en primera persona). Aun cuando sus jefes creyeron que era una excusa para vacaciones adicionales, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales le otorgó un reposo para que se recuperara.
“Una salud mental deficiente genera salud física deficiente”, alerta la psicóloga venezolana Felícitas Kort, docente de posgrado en el Hospital Psiquiátrico de Caracas. Puede costar creerlo, pero “la depresión que se extiende por más de dos semanas es una enfermedad, un problema del funcionamiento químico del cerebro; no es un asunto exclusivamente psicológico”, sentencia Ricardo Colín, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México. “A menudo me digo: y si dirigiera/ la punta de una bala hacia mi propio fin...” (Vladimir Maiakovski). ¿Cuántos venezolanos andaban como zombies igual que Magnolia? Un estudio realizado en marzo pasado en la capital del país por la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento, con el auspicio de las Redes de Alianza Global para la Defensa de la Salud Mental, evidenció que 1 de cada 4 caraqueños es víctima de depresión. La mayoría de los entrevistados -una muestra estadísticamente representativa de 139 sujetos- convive con la forma moderada. Las personas (la mayoría, de 20 a 50 años de edad) prorrumpieron en frases como “Soy pesimista sobre el futuro”, “Me siento solo”, “Todo lo que hago requiere muchísimo esfuerzo”, “No tengo ganas de hablar”, “Lloro con facilidad”, “No puedo dormir bien”, “No tengo hambre”. ¿Se identifica usted con tales expresiones? Kort difundió estos resultados la semana pasada en México. De acuerdo con su relato, los encuestados en situación grave (15%) se remitieron a centros asistenciales (como el Hospital Psiquiátrico de Caracas, la Cruz Roja, hospital Vargas de Caracas, el servicio de psicología de la Universidad Central de Venezuela). Estadísticas del IVSS indican que 281 pacientes han sido hospitalizados, en los últimos 6 meses, en la Unidad de Psiquiatría Jesús Mata de Gregorio (Sebucán, Caracas); sencillamente, no podían superar la melancolía.
A Kort no la sorprendieron estos hallazgos, pues una evaluación efectuada en 1995 había arrojado síntomas de depresión en 68% de la población. Ambas conclusiones movilizaron a la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento, organismo que diseñó una campaña para prevención del desconsuelo. “La idea es despistar cuanto antes, y aplicar el tratamiento”, sentencia Kort. Una pesquisa adicional medirá la apatía.
La obesidad es una patología evidente; el pesar, también. ¿Sus señales características? Ricardo Colín aporta algunas, como el ánimo por los suelos, sentimientos de culpa, pérdida de la capacidad de disfrute, apatía, cansancio continuo, aumento o pérdida de peso, despertarse en las madrugadas o sueño interrumpido, incapacidad para concentrarse, ideas de muerte, ansiedad. Por las dudas, acota que “es normal estar triste, pero no es normal deprimirse”.
Sin embargo, no es una inexorable condena a muerte. Guido Belsasso, comisionado del Consejo Nacional contra las Adicciones de México, enfatiza que es un padecimiento que puede ser solucionado, y manejado por especialistas o por el médico familiar. En este sentido, Felícitas Kort destaca que lo efectivo es la combinación de fármacos con psicoterapia. Sin duda se dispone de herramientas para mitigar ese duelo interior, pero “únicamente la mitad de los pacientes recibe alguna forma de tratamiento, y sólo 25% se beneficia de la dosis y duración correcta”, especifica Ricardo Colín.
“Es de rigor/ no quitarse la cara. Los gritos deben quedar para el cuarto/ donde apenas se está en pie” (Rafael Cadenas). Esta afección progresa en poco tiempo; su curación, no. “Cuando diagnosticamos, necesitamos de 1 a 3 meses para que el medicamento devuelva al individuo a un estado de normalidad”, recuerda Colín. El que piense que es como una infección en la garganta que se elimina con un antibiótico por 7 días, se equivoca de plano. “Ahora sabemos que sí mejora dar una pastilla por 6 semanas, pero si se suspende, aumenta el riesgo de recaídas”. La fase aguda de la terapia farmacológica puede prolongarse de 1 a 3 meses; luego hay que proseguir con la de continuación y mantenimiento, que requiere de 4 a 6 meses más, lo que suma un total de 9 meses a 1 año. La Organización Mundial de la Salud plantea que el consumo de medicinas se extienda por 6 meses, “lo que no impide que muchas personas se olviden de la droga en cuanto desaparecen los síntomas”, asevera el psiquiatra mexicano. La cifra de abandono en las primeras 2 semanas ronda 28%; al tercer mes, asciende a 44. %¿Por qué no cumplen con lo que les recetó el doctor? Por razones como que se sienten mejor, no toleran los efectos adversos y temen convertirse en adictos. Magnolia, finalmente, sobrevivió a su particular temporada en el infierno.
Esta presentación del clorhidrato de fluoxetina se vende, entre otras naciones, en Estados Unidos, Argentina y España; a partir de la segunda semana de octubre se comercializará en Venezuela, bajo prescripción médica. Debe sus atributos a una cuestión de diseño: microesferas, recubiertas con una capa entérica, que retardan la absorción de la droga, explica Elizabeth Brunner, gerente de Investigación Clínica para Neurociencias de Lilly México. Es muy útil, aclara Ricardo Colín, “para la fase de mantenimiento”, pero no para el inicio del tratamiento. No está indicado para niños ni para adolescentes. Las investigaciones reflejan que, de cara a los usuarios, esta versión del producto “libera del peso cotidiano de la depresión”, “hace sentir menos dependiente del medicamento”, “se ajusta mejor al estilo de vida que otros antidepresivos”. Pero no todo son vítores. Entre los efectos colaterales se han descrito, subraya Colín, náuseas, temblor en las manos y disfunción sexual. “ 30% de los enfermos que utilizan el medicamento afirman que tienen buen ánimo y ganas de vivir, pero problemas con su vida sexual”.
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