EL NACIONAL - MIÉRCOLES 26 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Salud

Una enfermedad llamada tristeza

Es lógico imaginarlo, pero otra cosa es verificarlo. Un estudio efectuado por la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento puso en evidencia que uno de cada cuatro habitantes de Caracas sufre de depresión. Para tratar el mal cuando se extiende por más de dos semanas, la Organización Mundial de la Salud aconseja psicoterapia y medicamentos. En octubre será lanzada al mercado nacional la nueva versión del antidepresivo Prozac, “píldora de la felicidad” que se consume una vez a la semana

VAnessa Davies
México


No. No fue que Magnolia leyó aquella construcción del poeta italiano Cesare Pavese, “la muerte tiene una mirada para todos/ vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, y entonces percibió al mundo como un agujero negro. De verdad, así no comienza la historia de ella. Sí podría empezar, por ejemplo, con sus motivos –vistos desde afuera- para ser feliz: una carrera universitaria, un trabajo escasamente rutinario, dos hijos, un esposo solidario, juventud. Pero la depresión, así y todo, le hincó el diente a Magnolia. “Todavía no me explico cómo ocurrió”, se asombra, no dispuesta a comentar su aflicción en público ni con su nombre verdadero.

Irritable. Molesta. Acongojada. Vacía. “Así me sentía”, reconoce Magnolia. Y no precisamente por el atentado terrorista del 11 de septiembre y la previsible respuesta de Estados Unidos (lo suyo es de antes, así que no puede ingresar al tema de moda en primera persona). Aun cuando sus jefes creyeron que era una excusa para vacaciones adicionales, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales le otorgó un reposo para que se recuperara.

“Una salud mental deficiente genera salud física deficiente”, alerta la psicóloga venezolana Felícitas Kort, docente de posgrado en el Hospital Psiquiátrico de Caracas. Puede costar creerlo, pero “la depresión que se extiende por más de dos semanas es una enfermedad, un problema del funcionamiento químico del cerebro; no es un asunto exclusivamente psicológico”, sentencia Ricardo Colín, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México. “A menudo me digo: y si dirigiera/ la punta de una bala hacia mi propio fin...” (Vladimir Maiakovski). ¿Cuántos venezolanos andaban como zombies igual que Magnolia? Un estudio realizado en marzo pasado en la capital del país por la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento, con el auspicio de las Redes de Alianza Global para la Defensa de la Salud Mental, evidenció que 1 de cada 4 caraqueños es víctima de depresión. La mayoría de los entrevistados -una muestra estadísticamente representativa de 139 sujetos- convive con la forma moderada. Las personas (la mayoría, de 20 a 50 años de edad) prorrumpieron en frases como “Soy pesimista sobre el futuro”, “Me siento solo”, “Todo lo que hago requiere muchísimo esfuerzo”, “No tengo ganas de hablar”, “Lloro con facilidad”, “No puedo dormir bien”, “No tengo hambre”. ¿Se identifica usted con tales expresiones? Kort difundió estos resultados la semana pasada en México. De acuerdo con su relato, los encuestados en situación grave (15%) se remitieron a centros asistenciales (como el Hospital Psiquiátrico de Caracas, la Cruz Roja, hospital Vargas de Caracas, el servicio de psicología de la Universidad Central de Venezuela). Estadísticas del IVSS indican que 281 pacientes han sido hospitalizados, en los últimos 6 meses, en la Unidad de Psiquiatría Jesús Mata de Gregorio (Sebucán, Caracas); sencillamente, no podían superar la melancolía.

A Kort no la sorprendieron estos hallazgos, pues una evaluación efectuada en 1995 había arrojado síntomas de depresión en 68% de la población. Ambas conclusiones movilizaron a la Asociación Venezolana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento, organismo que diseñó una campaña para prevención del desconsuelo. “La idea es despistar cuanto antes, y aplicar el tratamiento”, sentencia Kort. Una pesquisa adicional medirá la apatía.


Señales de la pena

“Estoy desquiciado y sin saber qué hacer, ni para qué vivir” (César Vallejo). Quien pinta este cuadro sin compasión es Luis Guillermo Ruiz, ex presidente de la Asociación Mexicana de Psiquiatría: se han descrito 350 síntomas de la depresión. Es un mal que no se diagnostica, no se atiende y se asume como una forma de ser. “Evidentemente, no mata –con excepción del suicidio- pero es la más discapacitante de todas las enfermedades; por encima, incluso, de la diabetes y la hepatitis”, sostiene Ruiz. 10,3% de las mexicanas y 5% de los mexicanos la padecen; 1 de cada 3 pacientes están hospitalizados en ese país, informa, por razones físicas vinculadas con la pena profunda.

La obesidad es una patología evidente; el pesar, también. ¿Sus señales características? Ricardo Colín aporta algunas, como el ánimo por los suelos, sentimientos de culpa, pérdida de la capacidad de disfrute, apatía, cansancio continuo, aumento o pérdida de peso, despertarse en las madrugadas o sueño interrumpido, incapacidad para concentrarse, ideas de muerte, ansiedad. Por las dudas, acota que “es normal estar triste, pero no es normal deprimirse”.

Sin embargo, no es una inexorable condena a muerte. Guido Belsasso, comisionado del Consejo Nacional contra las Adicciones de México, enfatiza que es un padecimiento que puede ser solucionado, y manejado por especialistas o por el médico familiar. En este sentido, Felícitas Kort destaca que lo efectivo es la combinación de fármacos con psicoterapia. Sin duda se dispone de herramientas para mitigar ese duelo interior, pero “únicamente la mitad de los pacientes recibe alguna forma de tratamiento, y sólo 25% se beneficia de la dosis y duración correcta”, especifica Ricardo Colín.

“Es de rigor/ no quitarse la cara. Los gritos deben quedar para el cuarto/ donde apenas se está en pie” (Rafael Cadenas). Esta afección progresa en poco tiempo; su curación, no. “Cuando diagnosticamos, necesitamos de 1 a 3 meses para que el medicamento devuelva al individuo a un estado de normalidad”, recuerda Colín. El que piense que es como una infección en la garganta que se elimina con un antibiótico por 7 días, se equivoca de plano. “Ahora sabemos que sí mejora dar una pastilla por 6 semanas, pero si se suspende, aumenta el riesgo de recaídas”. La fase aguda de la terapia farmacológica puede prolongarse de 1 a 3 meses; luego hay que proseguir con la de continuación y mantenimiento, que requiere de 4 a 6 meses más, lo que suma un total de 9 meses a 1 año. La Organización Mundial de la Salud plantea que el consumo de medicinas se extienda por 6 meses, “lo que no impide que muchas personas se olviden de la droga en cuanto desaparecen los síntomas”, asevera el psiquiatra mexicano. La cifra de abandono en las primeras 2 semanas ronda 28%; al tercer mes, asciende a 44. %¿Por qué no cumplen con lo que les recetó el doctor? Por razones como que se sienten mejor, no toleran los efectos adversos y temen convertirse en adictos. Magnolia, finalmente, sobrevivió a su particular temporada en el infierno.



Felicidad “larga duración”

Es difícil olvidar el rostro de Laura, una mujer que apenas supera los 30 años, enmarcado por el cabello amarillo; su mirada inquieta que no permitía fotografiar “porque la depresión está socialmente mal vista”; su mezcla de enfermedades; su pánico al cáncer; la enumeración de lo bueno de su existencia (“tengo una vida normal, un buen matrimonio, dos niños”). Los detalles de lo malo: dolor de oído, supuesto carcinoma de mama, pesadez en el cuello, calor, irregularidades del sueño. La narración de Laura es la típica de una persona enferma con depresión, terció Ricardo Colin, durante el acto organizado en ciudad de México para el lanzamiento latinoamericano del fármaco Prozac DuraPac (clorhidrato de fluoxetina). La terapia con antidepresivos que siguió Laura dio resultados al pasar las semanas. “De 65% a 80% de los pacientes atendidos con algún psicofármaco mejora al primer intento. El uso adecuado de estas drogas es por lo menos durante 6 meses”, afirma Guido Belsasso. “Si se disminuye o se dan dosis inadecuadas, la posibilidad de una recurrencia es alta”. Parece lógico que un tratamiento basado en una pastilla semanal sea de más fácil cumplimiento que una cápsula todos los días. El prozac original, de 20 miligramos diarios y con más de 40,6 millones de usuarios, se acompaña ahora por un pariente cercano: el Prozac DuraPac (90 miligramos), conocido en Estados Unidos como Prozac Weekly, y con la misma misión de incrementar los niveles del neurotransmisor serotonina.

Esta presentación del clorhidrato de fluoxetina se vende, entre otras naciones, en Estados Unidos, Argentina y España; a partir de la segunda semana de octubre se comercializará en Venezuela, bajo prescripción médica. Debe sus atributos a una cuestión de diseño: microesferas, recubiertas con una capa entérica, que retardan la absorción de la droga, explica Elizabeth Brunner, gerente de Investigación Clínica para Neurociencias de Lilly México. Es muy útil, aclara Ricardo Colín, “para la fase de mantenimiento”, pero no para el inicio del tratamiento. No está indicado para niños ni para adolescentes. Las investigaciones reflejan que, de cara a los usuarios, esta versión del producto “libera del peso cotidiano de la depresión”, “hace sentir menos dependiente del medicamento”, “se ajusta mejor al estilo de vida que otros antidepresivos”. Pero no todo son vítores. Entre los efectos colaterales se han descrito, subraya Colín, náuseas, temblor en las manos y disfunción sexual. “ 30% de los enfermos que utilizan el medicamento afirman que tienen buen ánimo y ganas de vivir, pero problemas con su vida sexual”.



Pesadumbre

  • En el mundo hay 340 millones de personas afectadas por la depresión. Edades de mayor riesgo: 25 a 44 años (hasta 40% de los pacientes). Esto no libra a los niños, adolescentes y adultos mayores.

  • Los números revelan que este mal prefiere a las mujeres: dos veces más que a los hombres.

  • 86% de los pacientes con cuadros depresivos sufrirán trastornos como cefalea, dolores musculares, desarreglos del aparato digestivo.

  • En algunos países, sólo 10% de los afectados recibe tratamiento.

  • 10% de la población mundial presenta depresión. Entre 10% y 15% de estos enfermos acuden al suicidio.

  • La Organización Mundial de la Salud afirma que de 60% a 80% de las personas con un trastorno depresivo pueden ser tratadas con una mezcla de psicoterapia y fármacos.

  • De acuerdo con la Asociación Mundial de Psiquiatría, para el año 2020 la depresión será la primera causa de baja laboral en países desarrollados, y la segunda enfermedad más frecuente en el mundo (sólo superada por las enfermedades cardiovasculares). Actualmente, es la cuarta causa de incapacidad.




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