El pánico debe ser tratado como un trastorno patológico

Con sólo sentir una punzada, quien sufre del mal puede pensar que tiene cáncer, internaliza la sensación y la convierte en obsesión. Psiquiatras, psicoanalistas y psicólogos ayudan a sus pacientes a enfrentar los problemas derivados de la enfermedad. Las técnicas son tantas como las variaciones que presenta la afección

Traducción: Gerardo Cárdenas Evan Henerson - Los Angeles Daily News Servicio exclusivo de El Nacional

"Pánico": la palabra se asemeja a la sensación que produce: latidos acelerados, sudor, falta de respiración.

Cuando las personas que padecen el llamado trastorno de pánico sufren un ataque, la sensación es peor de lo que cualquiera pueda soñar, ya que el mal se produce precisamente en la imaginación de las personas.

Liz, una ex secretaria ejecutiva, padece con frecuencia ataques de pánico. Cuando sufre un acceso de este tipo, experimenta una hipersensibilidad exacerbada. Un simple estornudo o tos deja de ser un hecho trivial para convertirse en algo extraordinario. La persona internaliza cada vez más la sensación y ésta se convierte en una obsesión.

"Un leve dolor es capaz de hacerme sentir que estoy a punto de morir", expresó Liz. "La preocupación no cesa de crecer y llega un momento en el que no puedo superar la angustia".

La psicóloga Michelle Craske, de la Universidad de California-Los Angeles, cataloga la hipersensibilidad como el temor a su propio cuerpo. Esta definición es la teoría que ha venido prevaleciendo en las investigaciones sobre trastornos de pánico. Las personas afectadas por este mal pueden sentir una punzada y llegan a pensar que tienen cáncer.

Asimismo, las personas que sufren este mal, con frecuencia se convencen de que van a camino a la demencia o de que van a morir. Los ataques ocurren con frecuencia, por lo general, sin avisar y llegan a su punto máximo en un plazo de 10 minutos. Para estas personas, ese lapso equivale a 10 minutos de terror. El hecho de que no se pueda predecir cuando se van a producir, es lo que diferencia a los ataques de pánico del miedo que sienten los actores en el escenario o de otro tipo de angustias.

Los investigadores piensan que el trastorno probablemente obedezca a razones genéticas y creen que se transmite directamente de padre a hijo y puede ser el resultado de un desequilibrio químico.

"No estamos hablando de que las personas se dejen llevar simplemente invenciones de su imaginación. Se trata de un trastorno patológico", expresó John Murphy, un psiquiatra de Beverly Hills que - conjuntamente con su socio Dennis Munjack - realiza pruebas clínicas en las cuales las personas que sufren del mal del pánico experimentan con nuevos medicamentos.

"Según los estudios realizados hasta ahora, se trata de un desequilibrio químico. Sin embargo, no sabemos si el origen está en el cerebro, el flujo sanguíneo o en las vías respiratorias".

Después de haber vivido durante siete años con el trastorno y de haberlo estudiado en profundidad, Liz conoce todas las teorías y la terminología médica. Ella reconoce un ataque de pánico cuando está en progreso. Cuando se ve afectada, siente como si un grupo de hormigas corriera por su cara.

"Mi hijo también sufre el trastorno y eso me entristece aún más", expresa. "Se trata de un malestar al que uno puede restarle importancia. Mi esposo y mis hijos también se ven afectados. Es terrible".

Según Stuart Shipko, psiquiatra y neurólogo de Pasadena, una de cada 75 personas en el mundo sufre de trastorno del pánico.

Las personas que lo sufren tienen 12 veces más probabilidades de acudir a las salas de emergencia en los hospitales y 700 veces más posibilidades de visitar a un médico que la población en general.

En 1999, el pánico se convirtió en un trastorno de moda en el mundo del cine y la televisión. Los aficionados al cine y a la pantalla chica deben recordar los papeles de jefes de la mafia interpretados por Robert De Niro en la película Analízame y por James Gandolfini, en la serie de televisión Los Sopranos. Ambos se ven obligados a visitar a psicoanalistas para ser tratados de ataques de pánico. Algunas estrellas, como la actriz Kim Basinger y el cantante Donny Osmond, admitieron haber sufrido de trastornos de pánico y angustia.

Shipko, quien dirige el Instituto de Trastorno al Pánico y la página Web de ese organismo, dijo que esa enfermedad en modo alguno constituye un nuevo fenómeno. Pese a ello, no cree que los médicos tengan controlada la situación debido a la elevada recurrencia.

"La cantidad de ayuda que se ofrece para combatir el mal del pánico no satisface la demanda", expresó Shipko. "En mi condición de médico clínico, he podido actuar con gran rapidez gracias a la información que he recibido a través de Internet. He sabido de miles de personas que sufren de trastorno del pánico, y he comenzado a extraer mis propias conclusiones".

En la página Web del Instituto (www.algy.com/pdi/) se incluyen las teorías del especialista sobre la relación entre el pánico, el flujo biliar y el reflujo gastroesofágico.

En la página también se encuentra una cartelera electrónica en la que los pacientes pueden formular preguntas e intercambiar información.

La autoeducación ha ayudado a pacientes como Lori, quien sufre el trastorno desde su infancia y ha seguido una terapia desde hace años. Cuando su hijo menor comenzó a mostrar síntomas de la enfermedad, Lori inició su propia investigación. Hoy en día, ella es una educadora especializada en salud que está trabajando en la redacción de un libro sobre trastornos de angustia en la niñez.

Para mantener su pánico bajo control, Liz utiliza una combinación de técnicas y medicamentos. Sin embargo, estos dos enfoques sobre el tratamiento del trastorno del pánico -biológico y terapia conductista cognitiva- no siempre coinciden.

Los pacientes que visitan el Departamento de Trastornos de Angustia de la doctora Craske, aprenden todo sobre la angustia. Durante las 12 o 16 sesiones del programa, los pacientes aprenden a tener control de su respiración y se les obliga a conocer los síntomas que se presentan cuando sufren un ataque de pánico. Los pacientes que padecen de agorafobia son expuestos a situaciones que les generan temor, como subirse a un ascensor, manejar o estar solo. De esta forma aprenden a sentir menos miedo. Craske no utiliza fármacos en el programa, aunque a veces prescribe medicamentos en su práctica clínica.

Por su parte, el doctor Shipko expresa que cuando los pacientes deciden entrar en contacto con su instituto, están en busca de un diagnóstico médico concreto, es decir, una prueba concluyente de que no están locos. Además, desean eliminar de inmediato los ataques de pánico, aun cuando ello signifique ingerir medicamentos.

"Es fundamental detener los ataques", indicó Shipko. "Si impedimos que se produzcan, la mayor parte de las personas no se verán afectadas por fobias o depresiones y podrán retornar a sus vidas normales.

Los médicos, por lo general, prescriben antidepresivos, benzodiazepinas, e inhibidores de la monoamina oxidasa. También se utilizan algunos inhibidores selectivos de captación de serotonina para tratar el pánico. Todos estos medicamentos tienen sus riesgos, producen efectos colaterales y son potencialmente adictivos.

Aunque Shipko considera que el ataque de pánico básico sólo puede ser detenido mediante medicamentos, el especialista indicó que no siempre se requiere el uso de medicamentos en el tratamiento.

"Se deben utilizar los dos enfoques", admite.

Tratamientos y terapias

Si usted sufre de ataques de pánico durante el sueño y se despierta sobresaltado y si estos ataques interfieren con sus hábitos normales desde el punto de vista social y laboral, es muy posible que tenga que recurrir a un especialista.

A continuación se presentan algunos de los tratamientos utilizados:

  • Terapia cognitiva-conductual: una combinación de terapia cognitiva - que puede modificar o eliminar patrones de pensamiento que contribuyen a generar los síntomas de un paciente - con terapia conductista, que busca promover cambios en la conducta de la persona afectada. El paciente se reúne con un terapeuta durante un determinado período para ubicar los pensamientos y sentimientos que, por lo general, se manifiestan cuando sufre un ataque de pánico. Con frecuencia, el terapeuta le ofrecerá una serie de orientaciones que debe seguir cuando sienta que va a sufrir un ataque de pánico.

  • Farmacoterapia: Tratamiento con medicación. Se utiliza un medicamento prescrito por el médico para prevenir los ataques de pánico, reducir su frecuencia y severidad y disminuir la angustia previa.

  • Tratamientos psicodinámicos: Una forma de "terapia de diálogo" en la cual un paciente y su terapeuta buscan descubrir los conflictos emocionales que pueden estar contribuyendo a agravar el problema del paciente. Al ventilar esos conflictos, el paciente es ayudado a superar el problema.
  • Síntomas principales

    Los trastornos de pánico están caracterizados por una sensación repentina e inexplicable de terror y miedo de volverse loco, perder el control o estar a punto de morir. Como estos ataques de angustia con frecuencia aparecen espontáneamente y parecen impredecibles, por lo general, vienen acompañados de un estado de preocupación persistente sobre la inminencia de un nuevo ataque. Si no son tratados a tiempo, estos trastornos pueden llevar al desarrollo de fobias y a limitar gravemente el disfrute de la vida.

    El trastorno del pánico presenta cuatro o más de los siguientes síntomas:

  • palpitaciones, aceleración en los latidos del corazón
  • sudoración
  • temblores
  • sensación de asfixia o falta de respiración
  • sensación de ahogo
  • dolor o malestar en el pecho
  • náusea, o malestar abdominal
  • mareos o aturdimientos
  • despersonalización
  • temor de perder el control o de volverse loco
  • temor de morir
  • parestesia
  • accesos repentinos de calor

     

    EL NACIONAL - DOMINGO 23 DE ENERO DE 2000

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