EL NACIONAL - DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Científica

Niños con artritis

Es tan frecuente como la epilepsia o la diabetes y puede afectar las articulaciones desde los primeros años de vida. Tiene síntomas como fiebre inexplicable, dificultad para caminar, rigidez matutina y tendencia a cojear. Los especialistas muchas veces no dan con el diagnóstico y los pequeños son sometidos a innumerables exámenes, sin que los resultados arrojen pistas

MARLENE RIZK
Miami

Amanda Azcuiy llevó hasta los 11 años una vida completamente normal. Un buen día empezó, inexplicablemente, a tener fiebre de 41 grados, dolor en las manos y en las rodillas, rigidez matutina, dificultad para realizar actividades durante parte del día, trastorno en uno de sus ojos y pérdida de peso repentina.

Los exámenes de laboratorio estaban normales y no había infección. Ninguno de los especialistas a los que acudió, como pediatras, hematólogos, inmunólogos e inclusive oncólogos, dieron con el diagnóstico. Inclusive, la familia llegó a pensar que tenía cáncer o leucemia, porque no podían creer en la posibilidad de que podía tener artritis reumatoidea.

Amanda es uno de los cientos de niños que sufre inflamación crónica de las articulaciones; estos pequeños son sometidos a innumerables pruebas y exámenes clínicos, sin ningún resultado. Rafael Federico Rivas Chacón, director de la División de Reumatología del Miami Children’s Hospital, —en donde atienden a aproximadamente 4.000 menores al año con problemas reumáticos, entre ellos artritis— afirma que es una enfermedad frecuente y que muchos de estos casos, principalmente en Latinoamérica, no son diagnosticados adecuadamente. Esta dolencia, caracterizada por la inflamación crónica de las articulaciones, y que puede aparecer entre los 30 y 50 años en un adulto, afecta también a la población infantil y adolescente. Puede atacar una o varias coyunturas, así como el corazón, los pulmones, el hígado, los riñones e, inclusive, el sistema nervioso periférico.

En niños, es posible que se presente antes de los dos años de edad y, como no puede quejarse del dolor, se niega a caminar. Otra manifestación es la tendencia a cojear. En infantes más grandes, los posibles síntomas son cansancio, dificultad para moverse y rigidez matutina, lo que les impide realizar actividades normalmente. No es sino en el transcurso del día, cuando empiezan a sentir cierta mejoría.

Advierte que las señales se presentan en muchas ocasiones después de un golpe. En estos casos, por ejemplo, la dificultad para caminar continúa más del tiempo de lo que se espera y puede durar entre 7 y 10 días. Explica Rivas Chacón que todavía no se conoce cuál es la causa que desencadena la artritis reumatoidea, aunque se piensa que se trata de una enfermedad autoinmune, para la cual no hay ningún tipo de prevención. Afirma que existe un factor del medio ambiente que la produce, pero no se sabe cuál es y se cree que posiblemente puedan ser las infecciones. Se ha encontrado, aunque no hay estudios que puedan demostrarlo, que es más frecuente en afroamericanos y en latinos.

El crecimiento está en juego

La enfermedad afecta el desarrollo y el crecimiento de los niños y mientras está activa, produce daños irreparables a los cartílagos. “Hemos tenido que hacer reemplazo de caderas y de rodillas en pacientes a la edad de 16 años”, refiere Rivas Chacón, quien ha recibido numerosos pacientes de Latinoamérica, a través del programa de Salud Miami (www.saludmiami.com). Explica el especialista que la artritis reumatoidea en niños y adolescentes es una de los padecimientos crónicos más frecuentes que afectan a la población infantil. Según las cifras que maneja, la epilepsia ataca a 2,9 infantes por cada 1.000; la artritis a 2,2 por cada 1.000; la parálisis cerebral a 1,3 por cada 1.000 y la diabetes a 1,0 por cada 1.000. La incidencia pudiera ser mayor, pero los pequeños con artritis pueden pasar años con la enfermedad latente.

La artritis reumatoidea infantil puede ser tan agresiva como la de los adultos y requiere de un enfoque multidisciplinario, en el que no sólo intervengan reumatólogos, sino también ortopedistas, oftalmólogos, hematólogos, nefrólogos e inmunológos. “Solamente enfocándolos de esta manera, se puede tratar adecuadamente al paciente, debido a que durante el curso de la enfermedad se pueden ver atacados varios órganos”, refiere Rivas Chacón. Igualmente dice que es una dolencia que afecta no sólo al niño sino también a la familia, porque cambia toda su rutina. Desde hace varios años, la División de Reumatología del Miami Children´s Hospital realiza, a través del Programa de Artritis Juvenil, campamentos vacacionales para niños que sufren de artritis y otras enfermedades reumatológicas en donde, aparte de realizar actividades recreativas, comparten con psicólogos y terapeutas que les enseñan cómo enfrentar su condición. Para Amanda padecer de artritis significó que no pudiera continuar su año escolar y debiera recibir clases en su misma casa. Sin embargo, una vez que fue diagnosticada y tratada, comenzó a llevar una vida normal. Inclusive, asiste a clases de natación y otras actividades complementarias. Otra de las enfermedades reumatológicas que ocupa un lugar importante es la dermatiositis, inflamación que afecta los músculos y la piel. El especialista presentó el caso de unos gemelos, de los cuales uno estaba afectado por la enfermedad; claramente se pudo notar la diferencia en el crecimiento entre el enfermo y el sano. En este caso también se requirió el manejo multidisciplinario con varios especialistas, inclusive de un psicólogo y un psiquiatra, debido a que este tipo de pacientes provoca rechazo en el medio, sobre todo escolar.


Nuevas esperanzas

El tratamiento de las enfermedades reumáticas ha cambiado radicalmente en los últimos dos años. Afirma el director de Reumatología del Miami Children que existen medicamentos muy efectivos para la artritis remaotidea juvenil que prácticamente atacan las áreas del sistema inmunológico que están en proceso de inflamación.

En este momento, mantienen un número importante de pacientes que, aunque tienen artritis latente o activa, no tienen síntomas. Señala, sin embargo que la este padecimiento en niños, a diferencia de los adultos, tiene un curso limitado en la mayoría de los casos. Es decir, que a un menor puede durarle dos o tres años y después le desaparece. En cambio, en un adulto es de por vida.

Actualmente, el enfoque y tratamiento es bastante agresivo, para evitar daño en las articulaciones. “Esto es importante, porque si se puede pasar un largo periodo de tiempo sin tener un daño, vamos a tener coyunturas normales o casi normales” , indica.

Se están utilizando diferentes combinaciones de medicamentos que no sólo tienen poca toxicidad, sino que también son extremadamente efectivos, entre ellos inhibidores de necrosis tumoral.

Otro avance importante es que están controlando otras patologías que aparecen como consecuencia no sólo de la enfermedad, sino del tratamiento. “Hasta hace poco no se había medido la osteoporosis en niños y ahora estamos empezando a dar tratamiento con calcio en ciertas enfermedades, como artritis reumatoidea y dermatomiositis. Estamos suministrando hormonas del crecimiento, lo que permite una absorción de calcio más efectiva dentro del hueso y esto hace que la osteoporosis disminuya”, dijo Rivas Chacón, y concluyó: “En un futuro, la esperanza, es recuperar las articulaciones que se encuentran dañadas y ponerlas a funcionar normalmente”. Es posible también que en los próximos años puedan existir medicamentos más efectivos que los actuales.








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